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Golondrinas en Potes

29/07/2025

La abundante presencia de golondrinas sobre los cables de Potes ha atraído la atención de artistas y escritores desde hace más de cien años

Entre las fotografías que el Conde de Polentinos tomó en Potes en una fecha que se desconoce, pero comprendida entre 1892 y 1930, figura la que acompaña este texto, con gran número de golondrinas posadas en los cables. No fue el único visitante de Potes al que llamó la atención este hecho a finales del siglo XIX y principios del XX. Varios escritores, de hecho, dejaron constancia de ello.

Titular de El Diario Montañés del 16/7/1950 Quizás el más conocido de todos sea Víctor de la Serna, quien en 1927 dejó escrito: «Si llegáis a Potes en primavera y al caer el sol, como yo he llegado alguna vez, al pasar por una calle estrecha en que casi se juntan los aleros de unas casas infanzonas, sentiréis sobre vuestras cabezas la guirnalda más dulce y más bella con que pudisteis soñar: una apretada y palpitante guirnalda de golondrinas, que se aselan allí todo el verano, sobre los cables de la luz».

Un par de años antes que él, el escritor asturiano Constantino Cabal también fue atraído en Potes por el espectáculo de las golondrinas. «En la melancolía del crepúsculo, todas las golondrinas de los montes se juntan en la calle principal. Vienen desde muy lejos, como el río; forman bandadas inmensas, de centenares, de miles, que llenan el aire de alas, que lo recortan en círculos, que lo siembran de píos como gotas... Y se elevan, y descienden, y se mezclan y se apartan, y en la melancolía del crepúsculo, los hilos del telégrafo de Potes se cuajan de golondrinas».

También Antonia de Monasterio, la hija de Jesús de Monasterio, el gran músico lebaniego, se refirió en 1929 a «la multitud de golondrinas que abandonan su nido ¡acaso por mejor contemplar la hermosura del paisaje lebaniego! para pasar las noches sobre los hilos del telégrafo y uniformadas como el batallón más severo. En un hilo se ven todas las pechuguitas blancas, en el otro todas las colitas negras. ¡Qué precioso!»

Años antes, en 1915, en una crónica de una excursión a los Picos de Europa firmada por Ascarza en el periódico El Mundo, se leía: «Al retornar al pueblo, frente a la posada, nos entretenemos en mirar a cientos de golondrinas que, tranquilas, sin temor a nada, reposan confiadas encima de los cables que cruzan la calle; por la mañana, muy temprano, sus alegres gorjeros nos despiertan. ¡Pueblo que no maltrata a los pájaros es un pueblo culto! Eso es Potes».

Vemos, pues, con estos ejemplos, cómo el espectáculo de las golondrinas ha atraído desde hace muchas décadas a los visitantes de Potes.


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