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Semana Santa en Liébana

La Semana Santa es la más importante del año para la Iglesia Católica, que recuerda en ella la muerte y resurrección de Jesús de Nazaret. Siendo España en general y Liébana en particular, territorios de hondas raíces cristianas, es normal que las celebraciones propias de estas fechas, como otras ligadas a la fe católica, hayan formado parte de su cultura desde tiempo inmemorial.

Para comenzar, digamos que el hecho de contar en el monasterio de Santo Toribio con el mayor trozo del Lignum Crucis que se conserva en el mundo, hace de este monasterio un lugar emblemático para asistir a unos oficios y celebraciones que giran sobre la muerte en la Cruz y posterior resurrección de Jesús. ¿Qué mejor sitio para cantar el "Oh, Cruz, tu nos salvaras", por ejemplo, que allí donde se conserva la Cruz en que Cristo murió?

De los muchos cultos y tradiciones ligados a estas fechas en los pueblos de Liébana, apenas si nos quedan actualmente unas pocas manifestaciones. La pérdida de población de nuestros pueblos, su envejecimiento y la secularización propia de nuestros tiempos han hecho desaparecer muchos testimonios de esas tradiciones religiosas.

Para buscar algunas de las que subsisten hay que desplazarse hasta la parroquia de San Pedro de Bedoya. Allí se celebran aún cuatro procesiones entre las que destacan por su antigüedad las del "Calvario" y del "Rosario de la Buena Muerte", como recoge José Ángel Cantero en su página del Valle de Bedoya.

Otra página de Internet, la dedicada al Concejo de Espinama, en la otra punta de Liébana, nos permite saber que también allí se cantaban, no hace muchos años aun, "calvarios" y "Rosarios de la Buena Muerte" (como por ejemplo en Pembes donde se han recuperado en los últimos años), cuyo texto reproduce espinama.es.

Era característico de los oficios de Jueves y Viernes Santos el uso de matracas y carracas, instrumentos de madera que se hacían sonar en determinados momentos de las celebraciones.

Además de los oficios, era habitual la celebración de vía crucis, con estaciones cantadas de acuerdo a unas melodías y letras transmitidas de generación en generación. Actualmente se intentan recuperar estas tradiciones e Internet, como vemos, ayuda a conservarlas. El Arciprestazgo de Liébana y Peñarrubia también contribuye a ello y así incluye algunas estaciones cantadas en el vía crucis de Tama en 2010: Escuchar.

Por último, reflejemos otra tradición perdida que era característica del domingo de Pascua, al menos en Espinama: las peleas de toros.

Pueden ver el vídeo de la Semana Santa en Bedoya.


OTRA RESEÑA SOBRE LA SEMANA SANTA LEBANIEGA

LA SEMANA SANTA EN CASTRO

Publicado en el periódico "Picos de Europa" de Potes el 25 de abril de 1908:

Aunque sin pretensiones de comparar estas fiestas a las celebradas en Sevilla, Zamora, Valencia y otras poblaciones de importancia, han alcanzado, sin embargo, gran brillo estas fiestas en Castro, a pesar de los pocos recursos con que, para ello, cuenta esta pequeña localidad.

En las primeras horas de la tarde del jueves, vióse gran afluencia de gente de los pueblos inmediatos, que cruzando silenciosa las calles de la aldea, se dirigía al templo, de donde había de salir la procesión. Después de la Oración Sagrada, que servía de preparación, y a la señal convenida, empezaron a salir los penitentes por su orden. Todos vestían el mismo traje y cubiertos los rostros en la misma forma; seguía a éstos el que hacía de Nazareno, con una corpulenta cruz sobre sus hombros, vestía una túnica blanca y ceñía sus sienes una punzante corona. Al Nazareno acompañaban dos guardias o judíos elegantemente vestidos con trajes hechos ad hoc. Eran éstos los encargados de maltratar en sus caídas al Nazareno, dándole con las lanzas y al mismo tiempo exigir al Cirineo su ayuda. Iban en la procesión los pasos propios del día; todo era silencio, todo recogimiento, a lo que contribuía la conmovedora música del Miserere, el sonido de la trompeta y los temblorosos golpes de la caja, que medían los pasos de los penitentes. Todo lo expuesto, juntamente con el dolor que producía, ver cómo caminaba y caía con paso trémulo y fatigado, el que tan perfectamente hacía de Nazareno, fue lo suficiente para que nuestras mujeres regaran las calles con abundantes lágrimas, imitando a las mujeres de Jerusalén cuando se consumó en el sacrificio de nuestra Redención.

Tal vez alcanzara más brillo la procesión del Viernes, correspondiente al entierro, pero la falta de espacio nos impide darlo a conocer como deseáramos.


Enlace relacionado:

.- Semana Santa de 1915 en Potes.

.- Monasterio de Santo Toribio y el Lignun Crucis.

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