Gabino Santos Briz. 5/9/2026 (actualizado penúltimo párrafo el 7/9/2026)
El 4 o el 5 de septiembre se cumplen noventa años del asesinato de Ángel Viqueira Villanueva, sacerdote. Es considerado «mártir» por la Iglesia Católica y, por ello, será beatificado en la catedral de Santander el próximo 7 de noviembre.
Ángel Viqueira Villanueva nació en Potes el 23 de enero de 1880. Realizó estudios sacerdotales que culminaron el 23 de septiembre de 1904 con su ordenación como presbítero en el seminario de Corbán. El 2 de octubre siguiente ofició su primera misa y lo hizo en la parroquia de Potes.
La primera parroquia a la que fue destinado fue la de Revilla de Camargo, curosamente el mismo lugar en cuyo término fallecería años después. Y la primera noticia que se refiere a él, pocos días después de tomar posesión, destaca su celo para organizar el canto de los villancicos, que se preveían «muy animados».
Sin embargo, su estancia en la parroquia de Camargo fue muy breve, ya que en febrero de 1905, salen los resultados del concurso a parroquias, quedando englobado en el tercer grupo, el de los sacerdotes con menor puntuación. En consecuencia, en julio abandona la parroquia de Revilla de Camargo, pasando a la de Santa María de Lamasón, donde permanecerá hasta 1913. En estos años, consta organizando predicaciones de misioneros, recibiendo al obispo en visita pastoral, y organizando fiestas escolares.
De Lamasón, pasa a la parroquia de Ojebar, en Rasines, donde va a permanecer una docena de años. De su estancia allí sabemos poco. Tan sólo que el 15 de septiembre de 1917, el día de la fiesta de la Bien Aparecida, es él quien oficia de diácono en la misa solemne del Santuario. Por lo demás, consta que contribuye en 1914 con cinco pesetas a la recaudación de fondos para colocar una lápida en la tumba del vicario de la parroquia, y también con cinco pesetas en 1925 en una suscripción para un nuevo hospital.
Ángel mantiene, por estos años, su relación con Potes, a donde se desplaza en sus vacaciones y está al tanto de lo que allí pasa, y así le vemos participando en 1910 en la suscripción para adquirir insignias para la cruz concedida al Capitán de Ingenieros José Cueto Fernández (aporta una peseta); en 1912 aportando un «verdó» para la tómbola que se organiza en beneficio de los soldados lebaniegos; y en 1915 donando libros para la biblioteca de la Sociedad Económica de Potes
En 1926 nos consta ya como párroco de Ontaneda, destino del que hay más detalles. Sabemos, por ejemplo, que en la fiesta de San Andrés de ese año 1926, en San Vicente de Toranzo, fue él quien «ocupó la cátedra sagrada», y pronunció un «elocuentísimo y fervoroso sermón, lleno de imágenes felices, primorosos párrafos y más que todo, con una unción religiosa que arrancó las lágrimas a varios asistentes».
Detalles destacados de su tiempo en Ontaneda son la bendición, el día de Pascua de 1927, «de una preciosa imagen, de tamaño natural, del Sagrado Corazón de Jesús, que el virtuoso cura párroco, don Angel Viqueira, ha comprado para dicha parroquia, con lo recaudado en la lotería». Y su participación el 29 de mayo de 1927, en San Vicente de Toranzo, en la celebración de clausura de "las flores" de aquel año, en la que se dice que «llegó el momento del sermón, que fue un himno cantado a la Virgen por el celoso y sabio párroco de Ontaneda, don Angel Viqueira».
En mayo de 1928 nos consta que participa en Alceda en una reunión de las «fuerzas vivas para estudiar la forma de dar al veraneante que nos visite las mayores comodidades». Viqueira intervino pronto para señalar que hay prioridades: «lo primero es cumplir con los deberes de justicia y después con los del ornato público, refiriéndose a que hay varios sitios de Alceda y Ontaneda donde poner algunas bombillas sería obra de verdadera justicia».
Ángel es elogiado nuevamente con motivo de las fiestas de San Juan en Ontaneda. Su «entusiasmo» contribuyó a la brillantez de la fiesta, superando la solemnidad religiosa a los actos profanos, pese a ser domingo. Se incluyó «la bendición e inauguración del precioso reloj que ha sido colocado en la parte alta del exterior de la iglesia». Y se añade:
«He aquí nuevamente retratada la voluntad y el entusiasmo del señor Viqueira, que tiene su fundamento en la confianza y compenetración recíproca del noble pueblo y el virtuoso párroco. Don Angel no dispone actualmente de medios económicos, en cantidad alguna, para el pago del reloj, que ha sido adquirido a plazos. Pero tal es la confianza que el pueblo le merece, que no duda ni un instante en que podrá holgadamente satisfacer a su tiempo el compromiso del pago, tal y como fue estipulado con la casa vendedora. El dispondrá las cosas de forma que el pueblo vaya pagando paulatinamente el importe del reloj, sin casi enterarse de ello, tal vez organizando funciones culturales, que a la vez sirvan a dos objetos: al principal, o sea a la conquista del dinero necesario, y al secundario, así considerado en este caso, del medio educativo que representaría».
Tal es su arraigo en Ontaneda que, cuando en julio de 1930 se conoce su próximo traslado, se publica un largo escrito en La Voz de Cantabria señalando que, con su traslado, «sufre el pueblo de Ontaneda, en lo más hondo de sus afectos, un golpe muy doloroso. Si se le puede evitar, evítesele». En el texto se constata que «la labor de don Angel Viqueira al frente de la parroquia ha fructificado en un efectivo acrecentamiento de la fe popular, en un comprobable mejoramiento de los inmuebles propios y anejos del curato -especialmente la iglesia, que en sus manos ha ganado en acondicionamiento, en limpieza, en dotación de imágenes y atributos del culto-; en la atracción de la niñez a las enseñanzas de la Religión, obra que don Angel ha realizado con la apostólica perseverancia de esos viejos sacerdotes rurales de las leyendas ingenuas; tiene que decir, en suma, que don Angel Viqueira ha conquistado para la fe el alma de un pueblo entero, sin distinción de clases y sin excepciones».
La petición no fue atendida y en octubre de ese año 1930 vemos a Viqueira de párroco en Campuzano (Torrelavega), donde ya se le elogía por organizar una fiesta del Rosario, destacando que «desde hace mucho tiempo, quizá más de quince años, no se celebraba en dicho pueblo una fiesta religiosa de la importancia de ésta». Pocos días después, celebra también con gran solemnidad la fiesta de Cristo Rey, destacándose las obras de restauración que ha hecho en el templo y que sortea un reloj de pulsera entre todos los donantes que contribuyeron a la obra, lo que nos da idea de los métodos originales que utilizaba. Como párroco de Campuzano fue el encargado de bendecir la primera piedra de los edificios a construir en Ciudad Vergel.
En julio de 1931 deja esa parroquia, ascendiendo a cura ecónomo de la parroquia de Santa Cruz de Bezana. Poco sabemos de lo que hizo en la que fue su última parroquia. Según Fernando Lama Ruiz-Escajadillo, «sufrió una grave enfermedad que le tuvo a las puertas de la muerte; mejoró, pero su salud quedó muy quebrantada». Allí permanecía cuando en 1936 «fue sacado de su casa el 5 de septiembre a las 20 horas por 4 individuos que dijeron ser policías y se le llevaron en un coche, le asesinaron a continuación en un despoblado llamado La Ría, entre Igollo y Escobedo de Camargo», según relata Fernando Obregón. La placa que le dedicó la parroquia data el martirio el día 4 y la Causa General el 5. De nada le valió ante sus asesinos haber contribuido con 4,50 pesetas en la suscripción para el sostenimiento de las Milicias del Frente Popular llevada a cabo en Bezana. Lama dice que consta que «tuvo palabras de paternal conmiseración y cristiana doctrina para sus enemigos, deduciéndose piadosamente que a semejanza del Divino Maestro, supo en tan terrible trance perdonar a sus enemigos, y entregar su alma con fervoros anhelo a Dios, de quien fue celoso ministro».
El 7 de noviembre de 2026 en la catedral de Santander Ángel Viqueira será beatificado, junto a varias decenas más de mártires de la guerra civil en la diócesis de Santander.