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1912-2012 Centenario del chalet real en Áliva

Fue construido durante el verano de 1912 por la Real Compañía Asturiana y se estrenó con motivo de la cacería de Alfonso XIII en el "coto real"

En el verano de hace cien años, en 1912 por tanto, en las alturas del puerto de Áliva pertenecientes al valle de Camaleño se estaba levantando una casa, un chalet tipo inglés, dotado de todas las comodidades de la época, "suntuoso y elegante", con agua corriente, luz y calefacción de gasolina. Era una casa prefabricada traída de Inglaterra que tenía el honor de ser la primera construcción de estas características en emplearse en España. Otro honor que ostentaría sería el de convertirse en alojamiento del rey de España, Alfonso XIII, por unos días. La casa era de la Real Compañía Asturiana de Minas. "Cuentase que no falta ni un detalle y que en el agasajo ha invertido la generosa sociedad 150.000 pesetas" (Aunque otros medios hablan de 100.000 ptas). Se situaba en el sitio denominado Río Salado, al mismo pie de Peña Vieja en un emplazamiento admirablemente elegido a 1670 metros de altitud. El periódico local "La Voz de Liébana" describe al chalet así: "El chalet, de estilo inglés moderno, consta de tres cuerpos de planta baja, mansarda y sótano. En el cuerpo central están dos halls de entrada y el comedor y en los laterales los dormitorios, cuartos de baño y la cocina en un extremo". Añade:"Todo el exterior es de cinc acanalado, de colores blanco y verde en fachadas y maderamen, y rojo vivo la techumbre, en la que se abre a la derecha una gran chimenea de piedra. Su aspecto es agradable". El periódico "La Época" añade más detalles "capaz para 18 camas, con calefacción á vapor, cuartos de baño y servicio de agua, etc.".

Hagamos un breve repaso. Su padre, Alfonso XII, fue un asiduo visitante de los Picos de Europa. Había venido a cazar acompañado de su hermana doña Isabel en 1881, y regresó en agosto de 1882 donde cazó rebecos en Ándara y osos en Bedoya antes de retornar a Comillas. Las muestras de cariño, los vítores, cantos, arcos de follaje, disparo de cohetes… fueron continuos durante su estancia, ya en las cumbres, ya de retirada al pasar por todos los pueblos desde Espinama hasta Potes donde pernoctó, o en San Pedro de Bedoya. Por su parte, él dejaba a los alcaldes cientos de reales para repartir entre las mozas y los pobres. Por lo que parece, Alfonso XII ya reconocía el valor paisajístico de los Picos de Europa. Un periódico de la época hace referencia a una frase del monarca: "¡Qué equivocados están en España los que van a Suiza en busca de alturas pintorescas teniendo aquí estas inmensas e imponentes!". Ildefonso Llorente escribió en aquel momento lo siguiente:"La moda de visitar países extranjeros, desdeñando y desconociendo lo que en España hay de notable, va dejándose en desuso por las personas más instruidas y amantes de la patria; y los que amamos lealmente a los pueblos lebaniegos nos regocijamos de que los habitantes de otros países vengan a visitar este".

Su hijo, un joven de 19 años, Alfonso XIII, vino en 1905 y estuvo varios días dedicado a la caza del rebeco en el Coto Real que los Ayuntamientos de Liébana, Valdeón y Cabrales le cedieron. De esta cacería, quedó un nombre. El sitio llamado Tiros del Rey, por el sitio que ocupó S. M. el Rey D. Alfonso XIII en esa cacería de 1905.

Pero situémonos ya en los primeros días (del 3 al 7) de aquel septiembre de 1912, en que el recién levantado chalet, elegantemente preparado, esperaba la llegada de Su Majestad a últimas horas del 3 de septiembre. Alfonso XIII había salido hacia las 11 de la casa en Las Fraguas del duque de Santo Mauro. En Potes estaba a las dos y cuarto y fue cumplimentado por las autoridades. Un poco antes de llegar al pueblo, se detuvo D. Alfonso en la carretera para almorzar. A las tres menos cuarto llegó el automóvil regio a Camaleño donde le esperaban el infante D. Carlos y el príncipe Rainiero, el duque de Tarancón, el conde de Maceda, el marqués de Hoyos y don José Antonio Quijano. Saludaron a S.M. comisiones de los Ayuntamientos de Camaleño y del de la Vega de Liébana y el vecindario vitoreó a don Alfonso. Y a caballo, la comitiva marchó por Mogrovejo a Lloroza donde está instalado "el casetón" de la Real Compañía Asturiana. Allí esperaban al Rey los marqueses de Viana y Villaviciosa y los directores de la Real Compañía señores Hauzeur y Sitges.

La estampa que se encontraron a su llegada a la loma cercana sobre las seis y cuarto de aquella tarde era una hermosa casa de tejado empinado rodeado de 12 tiendas de campaña que alojarían a la servidumbre, a los empleados de telégrafos, a la guardia real y cuatro de ellas a particulares.

Los postes del telégrafo también formaban parte del decorado para facilitar la comunicación permanente con Su Majestad a través del telégrafo de Potes. Esta estación estuvo dirigida por el oficial de telégrafos de Santander D. Ildefonso Manzano. Una anécdota al respecto sucedió durante la instalación de ese tendido de 9 km por Tanarrio cuando las cabras montesas se entretuvieron en roer el hilo, y la comunicación quedó interrumpida. Hubo que realizar varios empalmes y montar una rigurosa vigilancia en toda la línea para que no volviera a ocurrir.

De todos los pueblos acudían curiosos para ver las cacerías de los días 4, 5 y 6, pero la Guardia Civil no les dejaba acercarse para evitar desgracias. Durante esos tres días cazaron noventa y seis rebecos, de los cuales el rey, dicen, mató veinte en el bien surtido Coto Real. Además, en esta expedición cada ojeador, y, como curiosidad, además del jornal pagado por Su Majestad, recibía un rebeco. Colaboración importante fue la que prestaron algunos lugareños como el alcalde de Camaleño, Lino González, experto cazador, y de numerosos vecinos de los pueblos de Sotres, Tielve, Bulnes, Caín, Valdeón y Espinama que ejercieron de ojeadores en las cacerías o en las labores previas. Don Lino González, el primer día de cacería, cuenta La Voz de Liébana "que iba a las inmediatas órdenes del Rey, como su cargador, y don Jerónimo Prieto, que desempeñaba igual oficio cerca del Infante don Carlos".

Señalamos también otras anécdotas humanas relativas a lebaniegos que ocurrieron durante el transcurso de alguna de esas cacerías, por ejemplo, cuando "se presentaron al Rey tres antiguos soldados lebaniegos, uno de ellos, Ramón González Sebrango, de Tanarrio, que ha pertenecido a la Escolta Real. El Monarca conversó afablemente con los tres y recordó enseguida al último. Muy satisfecho, hizo observar el excelente espíritu de estos muchachos, que tan gustosos recordaron sus años de soldados". O aquella otra protagonizada por un guarda-jurado del Coto Real que regaló a Su Majestad un queso de Bulnes. O aquélla en que Alfonsa Campollo, del pueblo de Vejo, se presentó ante el Rey como "tocaya y admiradora". O una última, la más difundida en los medios, que dice que "se presentó a S.M. el rey un matrimonio vecino de Tresviso, formado por Enrique Campo y Mauricia Callado, de treinta y treinta y nueve años, respectivamente, casados hace ocho años y que tienen ocho hijos, todos varones. El rey vió a los chicos y les hizo algunas preguntas. Después ordenó que le dieran al padre dos rebecos y 25 pesetas". Todos ellos fueron espléndidamente gratificados.

Gracias a Filmoteca Nacional, podemos ver en imágenes reales, detalles de esa visita real de 1912 que sirvió para inaugurar el que desde entonces empezó a llamarse "El Palacio" o "chalet real". Unos de los primeros en ver las imágenes de aquella cacería y visita real a Picos fueron los que asistieron al estreno en Santander de "Cacería regia en Picos de Europa", que según parece, fue en el Pabellón Narbón el 29 de septiembre de aquel año 1912.

La revista "Por esos Mundos" resumió así la crónica del viaje real: "El primer día de cacería, los tiradores subieron por la empinada Canal del Vidrio, vertiente Sudeste de Peña Vieja, para llegar hasta los picos llamados Tiros del Rey, donde estaban los puestos. El ojeo se verificó en las cumbres y depresiones llamados Hoyo Oscuro, Hoyo sin tierra, Hoyo Grande, Hoyos Negros, dos Boches, el Llambrión, los Lagos, Santa Ana y Garganta de la Canalona, acosando hacia los Tiros del Rey los rebecos, de los que fueron cobrados en esta primera batida 46, quedando heridos más de 30. Tres soberbios ejemplares, un macho, una hembra y una cría, fueron seleccionados del conjunto y enviados al director del Museo de Historia Natural. La segunda batida se dio en las estribaciones del Sur de Peña Vieja, muy cerca del puerto de Áliva, matándose en conjunto diez rebecos. El tercer día se batió la parte de sierra comprendida entre los picos de Altaiz, el Llambrión, Santa Ana y vertiente Oeste de Peña Vieja, matándose nueve rebecos. En esta jornada, la niebla, muy densa, impidió á los cazadores realizar mayores proezas.

El descenso de los picos lo realizó S. M. por el camino de Igüedri, llegando al precioso valle denominado Val de Baró, recorriendo los pueblos de Espinama, las Ilces, Cosgaya, Camaleño y Potes, desde donde, en automóvil atravesando el imponente desfiladero de la Hermida, se dirigió á Santander". A las once de la mañana salió y a las 3,30 estaba en Potes donde el vecindario le pidió que cruzara a pie y así lo hizo en medio de vítores. En Potes por ejemplo, "Dos niñas vestidas de blanco, Amelia Palacios y María Luisa Castelao ofrecieron al Rey dos bouquets para la Reina Victoria. Don Alfonso les aceptó muy complacido y besó á las dos niñas. Después dio orden que el automóvil le siguiera despacio y marchó hacia la salida, rodeado de las autoridades y materialmente llevado en volandas por el gentío á quien entusiasmó el rasgo del Rey".

Concluyó la estancia real en las tierras lebaniegas aquel 7 de septiembre, y así quedó inaugurada esa edificación que desde hace ahora cien años da colorido al puerto de Áliva. D. Alfonso volvió otras dos veces a cazar a Picos. Una de ellas fue en 1920, durante dos días, en que estuvo acompañado por la reina Victoria Eugenia. Otra, en 1926. Ellos no volvieron más pero el chalet permaneció, y permanece, alojando a directivos e invitados de la Compañía propietaria que a buen seguro quedaron, y seguirán quedando, prendados de todo el conjunto.

Alfonso XIII, pocas horas después de abandonar Picos, recibió en Santander las llaves del palacio de La Magdalena para que fuera sede de los veraneos de la familia real española, palacio que se realizó por suscripción popular y que utilizarían asiduamente hasta 1930. Ambos edificios cumplen ahora 100 años. Ya forman parte del paisaje y de la historia local.



En el vídeo hacemos un breve resumen con imágenes del momento.


» Enlace relacionado:

Vídeo de 1912 de la cacería real, de la Filmoteca Nacional.

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