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12/07/2018

LA MONTAÑA DE COVADONGA, PRIMER PARQUE NACIONAL

Una vez aprobada la Ley de Parques Nacionales, un real decreto encomendaba en febrero de 1917 a los ingenieros-jefes de los distritos forestales que, en el plazo de dos meses, enviaran a la Dirección General de Agricultura una relación de los sitios más notables de sus respectivas demarcaciones. Ya en el preámbulo del decreto se citaban lugares destacados, como «en el orden de lo abrupto y de las bellezas panorámicas y forestales armonizadas con los recuerdos históricos y religiosos, Covadonga y su montaña, los Picos de Europa; en el orden de lo agreste, solitario y selvático: el valle de Ordesa, en el Pirineo; en el orden geológico: la Ciudad Encantada, de Cuenca; en el botánico, el Pinsapar de Ronda; en el zoológico, la Sierra de Gredos, con su célebre capra hispánica; en el atractivo que a los paisajes dan las cascadas, los vergeles del Monasterio de Piedra, y en la grandiosidad de las selvas, cuantos rincones de nuestras ásperas sierras ha respetado el hacha desde el Pirineo a Mulhacén.»

Surgen, entonces, multitud de sugerencias. En Cantabria, por ejemplo, el periódico El Cantábrico escribía el 6 de junio: «Así como nos decía un estimado montañés que vive por aquellos lugares, que se debe considerar como parques nacionales los sitios llamados "la Virgen del Camino", en Hoz de Anero; "la Virgen de Fresnedo", en Solórzano, y "Cagigas plantadas", entre Riaño y Solórzano, en todos los términos municipales se debe ya señalar cuáles hermosos lugares se prestan para ser convertidos en parques y para recibir los beneficios de la ley, traducida en una decidida protección por parte del Gobierno. En Liébana, por ejemplo, en los Picos de Europa, se podría crear un gran parque nacional, tan grande, que podría comprender kilómetros y kilómetros, de una belleza superior a los mismos encantos naturales que ofrece Suiza.»

Ya los Picos de Europa habían sido citados expresamente por Pedro Pidal en el discurso con el que defendió la proposición de ley en su primera presentación, la de febrero de 1915. Dijo:

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«Si no hay vías de comunicación que nos lleven a admirar las bellezas de la naturaleza, ¿para qué sirve la hermosura de los paisajes? ¿Qué sería de Suiza si no tuviera caminos que llevaran al extranjero, al turista, al pie de los bosques, de las vertientes, de las cascadas y de los picos? Pues en España tenemos picos, y entre ellos picos de una majestad insuperable, como son los Picos de Europa, muy poco conocidos», aunque entre quienes sí los conocen, dijo, está el rey.

Y poco después siguió:

«Los Picos de Europa son, señores Senadores, no solamente de una majestad insuperable, sino además de una belleza insuperable [...] porque la majestad de las montañas no se mide por la altura absoluta que puedan tener sobre el nivel del mar [...] otras montañas de menor altura sobre el nivel del mar, como tienen sus valles muy bajos, nos causan una impresión muchísimo mayor. Y esto sucede con el valle del río Cares que, visto desde las mesetas altas de los Picos de Europa, nos causa una emoción profunda de sobrecogimiento ante la inmensidad del precipicio.

No solamente son insuperables en majestad estos montes, sino que son insuperables en belleza, porque los montes que tenemos en la cordillera cantábrica no son como los del centro y mediodía de España, como los del Pirineo, los Alpes, el Cáucaso y el Atlas, por ejemplo, que son montes a base de granito, y el granito es oscuro, y, por tanto, no da alegría al paisaje, sino que son picos de caliza carbonífera, que es blanca, más blanca que la dolomita del Tirol, y que al sol reciben una coloración espléndida.

De modo, señores Senadores, que figuraos sobre las praderías y los bosques de montaña de un verde infinito, catedrales, azules esmaltadas de nieve, y eso son los Picos de Europa.»

Conscientes de la importancia que podía tener la designación de un territorio como "parque nacional" para el turismo y para la construcción de carreteras a ellos (ya el Marqués de Villaviciosa lamentó en aquel discurso que no hubiera una carretera que lleve a los Picos de Europa, pidiendo se hiciera una desde Arenas al Puente de Poncebos y estudios para continuarla hasta Santa Marina de Valdeón), el periódico lebaniego "La Voz de Liébana" reprodujo en varios números el discurso íntegro de Pidal, además de dejar claro su posicionamiento favorable a que Liébana o los Picos lo fueran. Así, el 21 de abril de 1917 publicó estos párrafos, tras dar por hecho que el Ingeniero-Jefe había incluido a los Picos en su respuesta a la petición del Decreto:

«El señor Ingeniero-Jefe del Distrito forestal no necesita que nosotros le excitemos a hacerlo; él conoce las bellezas naturales de esta comarca, por haberla visitado repetidas veces; él, mejor que nosotros, conoce la riqueza de la fauna y de la flora, la variedad de su riqueza forestal y todas las demás particularidades geológicas e hidrológicas que encierra, y mejor que nosotros habrá sabido ponerlas de manifiesto en la relación que haya elevado de la Dirección general de Agricultura.

En la Junta central, encargada por el Real decreto de proponer la declaración de Parques nacionales, figura el señor marqués de Villaviciosa de Asturias, que fue el autor de dicha ley, y que es uno de los mejores conocedores y más entusiastas admiradores de las bellezas de los Picos de Europa, y, seguramente ha de reconocer la justicia con que para ellos se pide la declaración de Parque nacional.»:

El Marqués lo tenía claro y no dudó en exponerlo públicamente. Así, en el mes de septiembre de aquel año 1917, publicó un artículo en el que abiertamente manifestaba, tras reconocer que Covadonga y Ordesa eran los dos primeros parques proyectados, que «Sería lástima que habiendo partido de Asturias la Reconquista de España, no fuese Covadonga el primer Parque Nacional de España». Esta ligazón de la opción de Covadonga con los sentimientos patrióticos vinculados a la Reconquista sería determinante de la decisión.

En el artículo al que nos referimos, Pedro Pidal veía un obstáculo a la designación de Covadonga como parque nacional: «la toma de aguas del Lago de Enol por parte de la Compañía de Minas», hasta el punto de afirmar que «la coexistencia de la toma de aguas del Lago de Enol con la declaración de Parque Nacional, a más de ser una contradicción, un absurdo, sería el ridículo para los españoles». Quizás la demora en el reconocimiento como Parque Nacional estuviera relacionada con los intentos realizados para conseguir la desaparición de esa toma de aguas.

Y es que, en efecto, hubo que esperar hasta el 8 de junio de 1918 para que el Gobierno presidido por Antonio Maura presentara un proyecto de ley para celebrar el XII centenario de la batalla de Covadonga en cuyo artículo segundo se establecía que «Se declara Parque Nacional de la Montaña de Covadonga el macizo de Peña Santa, cuya delimitación y también su Reglamento aprobará el Gobierno, a propuesta de la Junta Central de Parques Nacionales.»

Aprobada por las Cortes, sin cambios en tal artículo, esa ley fue firmada por el rey Alfonso XIII en San Sebastián el 22 de julio y publicada en la Gaceta de Madrid del 24. La "Montaña de Covadonga" era ya el primer Parque Nacional de España. Pronto nuevas normas, que veremos en la próxima entrega, contribuirían a su concreción.

 


Enlaces relacionados:

100 años del Parque Nacional de Picos de Euopa (I): Nacimiento de los Parques Nacionales.

100 años del Parque Nacional de Picos de Euopa (II): Antecedentes en España.

100 años del Parque Nacional de Picos de Euopa (III): Ley de Parques Nacionales.

100 años del Parque Nacional de Picos de Euopa (V): Límites y usos del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga.


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