Al cumplirse 90 años de la Guerra Civil española, nos proponemos acercarnos a su desarrollo en Liébana, haciendo un recorrido casi diario por los acontecimientos
Anterior: 7 de agosto de 1936. Inicio: 17 de julio de 1936.
Si el 30 de julio vimos cómo el Ayuntamiento de Pesaguero entregaba el poder de hecho al Comité del Frente Popular, el 8 de agosto es el de Peñarrubia el que, en su sesión, constata que «por el Secretario de la Corporación diose cuenta de haber entregado las llaves de las dependencias municipales, así como la de la Secretaría y Juzgado Municipal al Comité local del Frente Popular». Y lo mismo habría sucedido, muy probablemente, en el resto de ayuntamientos. En cada uno de ellos se había establecido un comité local del Frente Popular y, en el caso de Camaleño, además de en la capital municipal, se estableció otro en Espinama.
Los ayuntamientos quedan, así, despojados de poder y buena parte de las sesiones que debían celebrar dejan de tener lugar como queda constancia en el de Cillorigo y en el de Camaleño. En el primero, ya en noviembre, se señala que «debido a las circunstancias actuales no ha sido factible a la Corporación celebrar sesión en este periodo de tiempo, ya que todos los gestores han tenido que ocupar puestos en el Frente Popular los unos, y en la vanguardia los otros». Se habla de "gestores", y no de "concejales", porque en Cillorigo (como en Cabezón, Pesaguero y Potes), sus corporaciones, consideradas como desafectas al régimen por el gobernador civil nombrado por el gobierno salido de las urnas en febrero, habían sido sustituidas en marzo por "Gestoras Municipales" integradas por vecinos próximos al Frente Popular.
En el caso de Camaleño se hace constar que «durante los restantes días del mes de Julio, señalados para celebrar sesiones, no tuvieron éstas lugar, ni tampoco durante las de los meses de Agosto y Septiembre, por no haber concurrido los señores concejales».
A nivel provincial, destacamos de este día la nota del Comité de Guerra, que alude, posiblemente, a la noticia publicada de la supuesta sublevación de los guardias de Soncillo y Arija, declarada al día siguiente falsa, que dice: «la publicación de determinadas noticias con respecto a nuestro frente de operaciones, ha sembrado la inquietud y la zozobra entre numerosas familias de milicianos. Para evitar rotundamente que estos hechos vuelvan a repetirse y que, además, como en el caso presente, se falsee y desfigure la verdad, este Comité de Guerra ha dispuesto que no publiquen del frente otras informaciones que las que facilite este Comité de Guerra».
También se da cuenta de que el Comité de Policía prosigue con «la enorme tarea emprendida para aclarar la situación de determinados individuos, cuyos nombres figuran en unos ficheros descubiertos, y que pusieron a dicha Comisión en el camino franco para descubrir el alcance de la organización fascista en la provincia.
A medida que se aclaran dichas sanciones, los encartados van siendo puestos a la disposición de las autoridades correspondientes, abriéndose los oportunos atestados», que son tramitados con la máxima celeridad.
Casi todos los integrantes de la colonia alemana de Santander abandonan España este día en un barco, y también la de Madrid, Barcelona y el resto del país, como se informará unos días después.
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