Píldoras de Historia

La calavera de la iglesia de Lerones

3/11/2018

Píldora de historia sobre la calavera y tibias presentes en uno de los muros de la iglesia de Lerones.

Una de las cosas que más llama la atención recorriendo el pueblo de Lerones es la presencia en uno de los muros de su iglesia de una calavera con dos tibias cruzadas debajo y lo que parece un bonete sobre ella.

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La existencia de este tipo de restos, calaveras sobre todo, en las paredes de los templos fue algo relativamente frecuente en siglos pasados y una rápida búsqueda por internet permite descubrir unos cuantos lugares donde los hubo, conservándose actualmente en bastantes menos. Así, por ejemplo, en estas iglesias de Galicia. En otras, el motivo aparece esculpido, como en la de San Fructuoso o "de las Cuatro Sotas", en Santiago de Compostela, que destacamos por su similitud con la de Lerones ya que la calavera va acompañada de las dos tibias cruzadas. La diferencia es que en Santiago lleva un texto en latín: "Ut video vidi. Sicut me videtis videtis" ("Como te ves, yo me vi. Como me ves, tú también te verás"), recordando que la muerte nos espera a todos.

Centrándonos en la iglesia de Lerones, se dice que, aprovechando restos románicos de la anterior, fue construida en 1866, fecha que aparece en la clave del arco de medio punto de su entrada. Sin embargo, en esa fecha debía estar aún en construcción ya que en el Boletín del Clero de León, a cuyo obispado pertenecía la parroquia de Lerones, leemos en enero de 1884:

«El pueblo de Lerones se gloría también de tener un hermoso templo debido en gran parte al asiduo trabajo de los vecinos y al celo y desprendimiento del último Párroco que empezó y adelantó las obras de construcción, terminadas por el actual con no menos generosidad y constancia.»

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El párroco en 1884, que según el texto anterior terminó las obras, era Vicente González de Salceda y lo era desde marzo de 1880 por lo que el remate de las obras no se produjo, al menos, hasta ese año de 1880 (más probablemente, en 1881 u 82).

Según la tradición del pueblo, que leemos en liebanaypicosdeeuropa.com, la calavera y las tibias corresponden «al párroco que tuvo la iniciativa de construir la nueva iglesia». Este párroco debió ser Mariano Gómez San Pedro y Bárcena, nombrado como tal en 1851, y que falleció, siéndolo todavía, el 30 de mayo de 1875. Entre su fallecimiento y el nombramiento de Vicente González de Salceda no hubo ningún otro párroco sino que fueron varios ecónomos los que se encargaron de la parroquia. Es, por tanto, el párroco al que se refería el Boletín, el que lo era en 1866 y el que, según la tradición local, tuvo la iniciativa de erigir el nuevo templo.

Su entierro, según su partida de defunción, tuvo lugar el 31 de mayo «en el cementerio de la iglesia parroquial y sitio inmediato a la puerta contigua a la ¿parez? y mano derecha del que entra».

¿Pudieron extraerse de ahí poco más de cinco o siete años después para colocar la calavera y las tibias casi como remate de la obra? La presencia del bonete sobre la calavera puede indicar que sí pero, como no se puede afirmar, ahí queda la incógnita. En todo caso, que sean de un sacerdote o religioso es un rasgo común con la tradición de las calaveras gallegas antes citadas, en las cuales, sin embargo, destaca su gran antigüedad, en contraste con el caso de Lerones, que data de hace apenas siglo y medio. Su objetivo, en todos los casos, parece que era recordar que a todos nos espera la muerte para que nos preparemos para el Más Allá.

Para concluir, digamos que esta iconografía de la calavera y las tibias cruzadas está presente también en otro lugar de Liébana: es uno de los adornos incluidos en el cenotafio en bronce del Conde de la Cortina, también del siglo XIX, en su capilla de Salarzón.


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